En enero de 1969, Fidel Castro prohibió la Navidad. Los festivos de Navidad, Año Nuevo y Reyes se celebrarían en el mes de julio. El motivo fue que en el invierno es cuando menos llueve en Cuba y así la zafra sería más productiva. Esto se mantuvo hasta la visita del Papa Juan Pablo II a Cuba en 1997.
El
dictador Daniel Ortega, en Nicaragua también suprimió determinadas
manifestaciones religiosas relacionadas con la Navidad.
Otro
sacamantecas, Maduro, en Venezuela, ha adelantado la Navidad en varias
ocasiones y en 2024 dijo en Globo Visión: "Es septiembre y ya huele a Navidad
y por eso este año en homenaje al pueblo combativo, en agradecimiento a
ustedes, voy a decretar la Navidad para el 1 de octubre; llegó la Navidad con
paz, felicidad y seguridad".
En
Occidente estos hechos se ven como propios de dictaduras caribeñas, pero
nuestra sociedad no le va a la zaga.
En
España, más papistas que el propio Papa, el Gobierno, de momento no entra en
esas cuestiones, ni le hace falta; para eso están los Ayuntamientos y sus
megalómanos alcaldes que comienzan a colocar el alumbrado navideño después del
verano.
Unos
grandes almacenes tienen por hábito anunciar la llegada de las estaciones a
mitad de la precedente, es clásico el eslogan de “ya es primavera en el Tajo
Inglés” en mitad del invierno.
Las
grandes superficies también adornan sus locales en el mes de octubre y nos
agobian poniendo a la venta los dulces y productos alimenticios navideños en ese
mismo mes y también en este mes las televisiones empiezan a emiitir anuncios de
juguetes y colonias aunque sin hacer alusión a las fiestas; eso vendrá después.

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